We tell magical moments
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Los automóviles con especificaciones “Safari” fueron autos únicos. Se empleaban soluciones totalmente diferentes a las de cualquier otro rally con carrocerías específicas mucho más reforzadas, luces adicionales, una admisión especial conocida como “snorkel” para poder vadear ríos y muchos otros elementos que se utilizaban de forma excepcional para correr en Kenia.
Mecánicamente también había diferencias notables. El desarrollo de la caja de cambios era más largo debido a las extensas llanuras y el motor era más "light" con una potencia reducida entre un 20-30% en busca de la máxima fiabilidad dado que se trataba de una de las pruebas más duras del mundo después del Rally Dakar. También se modificaba convenientemente la suspensión, con amortiguadores más altos y robustos. Además de la dureza del rally en sí, estos coches eran bastante más pesados debido a los refuerzos extra ya mencionados, el depósito de gasolina de mayor capacidad o los elementos adicionales.
Por aquella época los Rally Safari eran muy distintos a la actualidad con recorridos a carretera abierta e infinidad de controles de paso. Una aventura extrema donde los equipos preparaban especialmente el evento durante varios meses. Exigía mucho a pilotos y copilotos, enfrentados a una navegación muy compleja que les hacía cambiar de mentalidad en la preparación respecto a los habituales rallys de velocidad pura.
Las grandes marcas llevaban la logística al límite. Algunas incluso desplegaban helicópteros de apoyo, encargados de informar al copiloto sobre posibles peligros en el recorrido. Y no eran pocos: desde cambios bruscos en el terreno hasta la presencia de fauna salvaje, con jirafas y cebras cruzándose inesperadamente en la trayectoria.
Para Lancia, la victoria en el Safari fue una obsesión durante más de una década. Primero con el Fulvia en los años 70, y más tarde con el Delta en los 80. El triunfo en el rally más impredecible del calendario se resistía… hasta que finalmente, en 1988, Miki Biasion logró conquistar Kenia y escribir una de las páginas más memorables de la historia de la marca.


La carrera arrancó en Nairobi el 31 de marzo de 1988. En la línea de salida, 54 equipos se preparaban para enfrentarse a la dureza que caracterizaba el Rally Safari: 4.207 kilómetros repartidos en 82 controles de paso. Solo 14 lograron cruzar la meta.
En Kenia, la velocidad pura pasaba a un segundo plano. El verdadero objetivo era sobrevivir. El Rally Safari, considerado una de las pruebas más duras del mundo, ponía a prueba la resistencia mecánica, la fiabilidad y la capacidad de adaptación de pilotos y máquinas. Para los italianos de Lancia, además, había una misión clara: la victoria.
Lo más fascinante es que mantiene intactas incluso las huellas de batalla: las “cicatrices” provocadas durante el rally, incluido el daño causado por el encuentro con la fauna africana. Un testimonio tangible de la dureza de aquella prueba y del carácter indomable del Safari.






















































































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